El juego del escondite
La mariposa le propuso al moscardón jugar al escondite. Este se río, convencido de que la mariposa no podría esconderse bien con unas alas tan grandes, aunque se animó a jugar.
Primero se escondió el moscardón detrás de un matorral, pero su zumbido era tan fuerte que la mariposa lo encontró fácilmente.
Luego de tocó esconderse a la mariposa, que lo hizo entre los pétalos de una flor violeta como ella. El moscardón la buscó sin éxito mucho rato hasta que tuvo que rendirse.
Así, comprendió que las apariencias engañan y que los colores sirven tanto para ocultarse como para ser encontrado.
“Lo que piensas que va a pasar no siempre ocurre”