La liebre que tocaba el violín
Una liebre pasaba día y noche tocando el violín, pero el invierno se acercaba y era preciso acumular provisiones.
---Vamos, deja de tocar y ven con nosotros a por comida ---le sugerían sus vecinos.
Pero la liebre no les hacía caso y seguía tocando.
Llegó el invierno y la liebre no tenía qué comer. Fue de casa en casa pidiendo alimento y, como era muy querida, consiguió comer durante aquel invierno. A cambio, ella les recompensó dándoles dulces serenatas con su violín.
“Hay que trabajar, pero también alegrar la vida al prójimo”