El erizo generoso
Don Erizo se llevaba bien con todos los animales y no le importaba regalar sus púas a quien se las pidiera. La última que le quedaba se la dio a un ratón que quería usarla de pincho contra un gato que le perseguía.
Llegó una serpiente que, al ver al erizo sin espinas, se dispuso a comérselo. Pero cuando estaba cerca, todos los animales con los que erizo había sido generoso se abalanzaron sobre ella y la hicieron huir.
El erizo agradeció a sus amigos su valiente gesto. Había dado las armas que le servían como única defensa porque daba más importancia a la amistad que a la propia vida, y se vio recompensado.
“La amistad es le mejor de los tesoros”