El triunfo
El tiempo pasó, la tortuga llegó al campo de zanahorias, vio a la liebre dormida y continuó hacia la meta.
Al cabo de un rato, el griterío despertó a la liebre: era la gente que aclamaba a la tortuga porque estaba llegando vencedora a la meta.
Por mucho que corrió la liebre para alcanzarla en los últimos metros, ya no le fue posible, así que la tortuga consiguió su propósito.
“La constancia es una virtud muy valiosa”