¡Fiesta!
Aquel día, don Grillo decidió ir a la feria. Había mucho bullicio y le dolía la cabeza; montó en la noria y se mareó; le dieron empujones sin querer, le pisaron... ¡Uff! ¡Con lo mucho que él disfrutaba de la vida tranquila!
Ya en casa, le dio vergüenza decir la verdad y aseguró que se había divertido. Así que su mujer le pidió que otro día llevara a los niños... y don Grillo tuvo que pasar otro mal rato.
“No hagas las cosas porque a los demás les agraden”