La oca parlanchina
Doña Oca no callaba ni debajo del agua. Todos estaban cansados de escucharla y, cuando la veían llegar, se escondían a toda prisa antes de que ella les entretuviese con alguna de sus tontas e interminables historias.
Un buen día decidieron hacer algo para que a doña Oca se le pasaran las ganas de charla: cada vez que se acercaba, hacían como que no la veían. Poco a poco, doña Oca fue perdiendo la costumbre de charlar sin ton ni son. Y por fin la paz volvió a la granja.
“Si eres un charlatán nadie te prestará atención”