Jim, el curioso
Sonaban unos ruidos sospechosos y Jim, el perro guardián, se acercó a ver qué los producía. Sin darse cuenta, cayó en una trampa para ratones que le pilló una pata. ¡Qué dolor! Por más que se revolvió, no consiguió desprenderse de la trampa.
Los ratones que lo vieron se echaron a reír. Menos mal que tenían buen corazón y, con cuidado, le ayudaron a librarse del cepo... a cambio de que les dejase seguir correteando por allí.
“La curiosidad es peligrosa si no se acompaña de precaución”