La maravilla de la naturaleza
Ciervito creció y siempre fue un gran amante de la naturaleza.
Su maestro, Ratoncín, siempre lo acompañaba, enseñándole todo lo que sabía. Así, le explicó la diferencia entre una planta y una mariposa, que Ciervito había confundido con una flor voladora.
Juntos, y con la compañía de Conejín, que se encargaba de enseñar matemáticas al pequeño príncipe, no solo lo pasaron muy bien sino que además aprendieron un montón...
“El aprendizaje puede ser tan útil como agradable”