Las gafas de don Jaguar
Don Jaguar estaba perdiendo mucha vista. Empezó tropezándose con las cosas, al poco tiempo ya no veía los carteles las tiendas... y unos años después casi no distinguía ni los dedos de sus zarpas.
Sus amigos le habían aconsejado siempre que fuera al oculista, pero él, que era un tozudo, no acudió hasta que ya casi estaba cegato.
El resultado fue que tuvo que llevar unas gafas de muchísimos aumentos, que habrían sido menos si hubiera escuchado menos los concejos antes.
“La tozudez no conduce a nada bueno”