La ovejita dormilona
Mientras las demás ovejas salían a pastar al monte, la más dormilona se quedaba roncando y no se despertaba hasta que las otras la avisaban de que era hora de volver al redil.
Un día, sus compañeras se marcharon sin avisar y, cuando la ovejita dormilona despertó, se llevó un susto terrible porque era casi de noche.
Regresó sola y asustada al pueblo, donde la esperaban sus compañeras, que le explicaron que la habían dejado para que aprendiese que las demás no tenían que ser su “despertador”.
Desde ese día, la ovejita comprendió que debía ser responsable de sus actos y dormir cuando podía.
“Cada cosa en su momento”