La sorpresa de don Lirón
Un pequeño topo llamó a la puerta de don Lirón para pedirle harina. El lirón tuvo que dársela muy a su pesar, porque era un egoísta, pero la familia de topos siempre se había portado bien con él, así que les correspondió.
Al poco, el topito volvió a tocar a su puerta pidiendo azúcar, pero el lirón, cansado ya, le dio sal.
Lo que no imaginaba era que, solo unas horas después, toda la familia de topos se iba a presentar ante su puerta con un gran pastel: ¡lo habían hecho para él! ¡Y qué disgusto se llevó el lirón... porque estaba salado!
“La tacañería es mala compañía”