La ardilla y las muñecas
El almacén de la ardillita estaba lleno de nueces y tenía de sobra para el invierno, así que decidió hacer muñecas de adorno.
Cuando llego la Navidad, había hecho muchísimas. Las puso delante de su casa para que todo el que pasase pudiera coger una y, de paso, le dejara una felicitación de Navidad.
Sin embargo, cuando fue a cenar no le quedaba ninguna nuez que llevarse a la boca. No le importó, porque al final todo el mundo la había invitado a pasar las fiestas en su compañía.
“Si eres generoso, las amigos te lo agradecerán”