La pluma de ganso
Don León estaba tan triste que parecía como si estuviera hechizado. Cierto día, la curandera del bosque dijo a doña Leóna que se curaría si aprendían a utilizar una pluma de ganso... ¡pero no les dijo cómo!
A los leones no se les ocurría nada, hasta que llego una ardillita y, cogiendo la pluma, hizo cosquillas con ella al león. Este estalló en carcajadas y recobró la alegría.
“No hay pena que no puede aliviarse”