El hipopótamo perezoso
Al hipopótamo no le gustaba hacer los deberes y cada tarde se hacía el remolón, así que tenía que hacerlos deprisa y corriendo por las mañanas para que el maestro no le pusiera un cero. Pero claro: los hacía mal, sin fijarse y con sueño... y lo único que conseguía era suspender.
Aquel año no hubo forma de hacerle entender que cada cosa requiere su tiempo y suspendió el curso: sin embargo, al año siguiente ya había aprendido la lección: más valía hacer los deberes en su momento, dormir bien y llegar al colegio descansado y satisfecho.
“Los consejos tienen su razón de ser”