El cachalote
El cachalote tenía grandes mansiones en el fondo de mar, pero era avaricioso y nunca estaba satisfecho. Tampoco socorría a ningún otro pez cuando iba a pedirle ayuda, así que no es de extrañar lo que le pasó.
Un día, dado su peso, quedo varado en un banco de arena y, claro, no podía moverse. Por más que grito, nadie acudió a socorrerlo: aquel fue justo castigo a su maldad.
“De lo que siembras recogerás”