La gallina rebelde
A esta gallina le molestaba muchísimo que el granjero se quedara con sus huevos y los de compañeras, así que decidió fastidiarle y no volver a poner ni un huevo más.
El granjero, creyendo que la gallina estaba enferma, esperó un tiempo prudencial; como seguía sin poner, pensó que ya era demasiado vieja y que para lo único que servía era para venderla en el mercado y hacer un buen caldo con ella. ¡Total, no le daba nada y seguía comiendo!.
“Si no quieres trabajar, tendrás un mal final”