El oso blanco
El gran oso banco vivía aislado en medio del polo. Era poco comunicativo y muy huraño.
Un día llegó a su territorio un pingüino vagabundo y el oso, enfadado, no tardó ni un minuto en echarlo de allí. El pingüino logró huir pero, pasado un tiempo, regresó y se encontró al gran oso muy enfermo, casi a punto de morir.
El pingüino, olvidando lo mal que se había portado antes con él, lo acompaño y cuidó todo el tiempo que hizo falta. Tras recuperarse, el oso le rogó que no volviera a marcharse.
“Cuando uno recapacita, sabe lo que necesita”