Mariquitas y saltamontes
El invierno era crudo y el saltamontes tenía que encontrar un refugio para no morir de frío bajo la nieve.
Por fortuna lo encontraron dos mariquitas, que se lo llevaron a su casa y lo mantuvieron bien resguardado hasta que llegó la primavera.
Al invierno siguiente, una hija de las mariquitas se perdió en el bosque. Saltamontes, que conocía la zona palmo a palmo, siguió las huellas de la pequeña y no tardó en dar con ella.
Fue se forma de recompensar la bondad de quienes habían hecho tanto por él durante el invierno anterior.
“La colaboración es formidable y la mejor recompensa a la generosidad”