El cabrito listo
Cabrito se ganaba la vida vendiendo pasteles en el bosque. Una mañana se le acercó un lobo amenazador y le obligó a que le diera todos sus dulces. Lo malo fue que el lobo, seguro de que el cabrito le tenía mucho miedo, volvió al día siguiente, y al otro, y al otro...
Hasta que al cabrito se le ocurrió una solución: un día aderezó sus pastelitos con muchísima pimienta y guindilla. Cuando el lobo fue a comerse los dulces, se quemó la boca y el estómago.
Desde entonces solo pudo tragar papillas suaves y purés frios.
“Si eres prepotente, un día lo pagarás con creces”