El saltamontes y el perro
El saltamontes decidió divertirse a costa de un perro callejero, apostándose con él lo que quisiera a que era más veloz. El perro, al principio, ignoró al saltamontes, pero tanto insistió el insecto que al final aceptó hacer una carrera. Un sapo ejerció de juez.
A la de tres salió el perro disparado y no notó que el saltamontes se había subido a su espalda: justo al llegar a la meta, dio tal salto que se llegó el primero. Además, parecía muy relajado mientras el perro jadeaba.
El perro aún se debe de preguntar cómo pudo vencerlo el astuto saltamontes...
“No te distraigas y no te engañarán”