La pelota
A todos los niños les gustaba jugar al fútbol en el recreo, pero un día Elefantín, el portero, envió la pelota tan lejos que se fue directa a las nubes.
Todos esperaban que cayese pero, por más que buscaron, no dieron con ella.
Al día siguiente doña Avestruz lo aclaró todo: el balón había dado a don Pelícano en pleno vuelo y, como iba hablando, se le había colado en el gran saco de su pico. Afortunadamente, no se tragó y estaba esperando a que los niños fueran a verle y a disculparse para devolvérsela.
A partir de entonces, los saques de Elefantín fueron más delicados.
«Se debe jugar pensando también en los demás»